
Referencia bíblica: Lucas 7:36-50
Énfasis o Tema sugerido: Jesús perdona los pecados.
Versículo para memorizar: Pero Jesús le dijo a la mujer: —Tu fe te has salvado, vete en paz. Lucas 7:50, PDT
Resumen de la historia:
Simón, el fariseo, invitó a Jesús a su casa para comer con él. Sin embargo, Simón no mostró a Jesús los gestos básicos de hospitalidad comunes en esa época, como saludarlo con un beso y lavar sus pies. Durante la comida, los demás invitados se escandalizaron al ver que una mujer pecadora entró en la casa de Simón. Ella lavó los pies de Jesús con sus lágrimas y los secó con su cabello. Estaba arrepentida de sus pecados, y Jesús la perdonó.
Material de trasfondo:
Los fariseos eran un grupo pequeño pero poderoso que intentaba imponer su estricta interpretación de la ley del Antiguo Testamento al pueblo y a menudo se sentían superiores a los demás. También eran muy estrictos en cuanto a seguir muchas tradiciones no escritas. Muchos de los fariseos que Jesús conoció eran hipócritas en la manera en que obedecían las leyes religiosas (Lucas 7:30). Simón era un fariseo que invitó a Jesús a su casa para compartir una comida.
El versículo 49 nos dice que había otros invitados además de Jesús. Más adelante en la historia, vemos que Simón no trató a Jesús como a un huésped de honor (versículos 44-47). La cortesía común en esa época dictaba que Simón debía ofrecer agua para que Jesús se lavara los pies. A veces, los siervos lavaban los pies de los invitados. Simón también debió haber recibido a Jesús con un beso y ungido su cabeza con aceite. Sin embargo, Simón no hizo ninguna de estas cosas, a pesar de haber invitado Jesús a su casa.
En el siglo I, las personas no se sentaban en mesas con sillas para comer. Se colocaba una mesa baja o un tapete en el suelo, rodeado de cojines o divanes bajos. En lugar de sentarse sobre los cojines, era común reclinarse, apoyándose en un codo y usando la otra mano para comer. Las piernas y los pies quedaban orientados hacia afuera, lo que permitía que las personas se sentaran cerca sin que sus pies estorbaran o estuvieran cerca de la comida. Esta disposición permitió que la mujer se acercara por detrás de Jesús y lavara sus pies mientras Él continuaba comiendo.
El frasco de alabastro tenía una forma redonda con un cuello largo. El perfume o ungüento aromático generalmente se aplicaba en la cabeza, pero esta mujer, en un acto de humildad y reverencia, ungió los pies de Jesús en silencio.
Era impensable que una mujer tocara a un fariseo. Además de ser mujer, esta mujer era bien conocida por llevar una vida pecaminosa. Probablemente era una prostituta. Esto hacía que su acción fuera aún más vergonzosa a los ojos de Simón. Si Jesús hubiera estado preocupado por su reputación, como lo estaban los fariseos, seguramente no habría permitido que esta mujer lo tocara. El hecho de que no solo lo permitiera, sino que además la defendiera, demuestra cuánto le importaba realmente esta mujer. No bastaba con obedecer estrictamente la Ley del Antiguo Testamento; Jesús sabía que debía amar a las personas. Él mostró un verdadero interés y amor por esta mujer.
Es probable que la mujer ya hubiera escuchado a Jesús predicar antes. Su corazón parecía estar sensible y anhelaba dejar atrás la vida pecaminosa que había estado llevando. Simón, en cambio, no se preocupó por la mujer. Lo único que parecía importarle era el escándalo que se estaba desarrollando ante sus ojos. Si leemos la historia con atención, veremos que al principio Simón no dijo nada en voz alta (versículo 39). Jesús, sin embargo, leyó sus pensamientos.
Jesús mostró compasión hacia la mujer al desviar la atención de ella y dirigirla hacia Simón. Frente a este hombre importante y sus distinguidos invitados, Jesús le demostró a la mujer que ella era valiosa debido a su corazón arrepentido. Solo Dios puede perdonar los pecados. Esta declaración de perdón revela algo muy significativo sobre la identidad de Jesús y su relación con Dios.
Cómo introducir la historia:
Lleva un recipiente con agua tibia y una toalla grande a la clase de hoy. Lava los pies de los niños mientras hablas sobre cómo en tiempos bíblicos la gente caminaba al aire libre usando sandalias. Explica cómo las calles eran polvorientas o embarradas y también transitadas por animales. Las personas siempre se lavaban las manos y los pies antes de comer. ¿Quién querría comer cerca de unos pies malolientes?
“En aquella época, las personas se recostaban sobre cojines alrededor de mesas bajas, por lo que a veces se sentaban muy cerca de los pies de los demás. Si yo te invitara a mi casa a comer, lo primero que haría sería darte un beso en la mejilla. Luego, te ofrecería agua para que te lavaras los pies, pediría a un siervo que lo hiciera o, si fueras un invitado importante, tal vez yo mismo lavaría tus pies. Después, te daría un ungüento perfumado para que lo pusieras en tu cabeza en caso de que estuvieras acalorado y sudoroso.
En la historia de hoy, Jesús fue invitado a la casa de alguien para una comida. Veamos qué sucedió.”
La historia:
¿Quién sabe quienes eran los fariseos? Los fariseos eran hombres religiosos que les gustaba obedecer muchas reglas. Intentaban seguir todas las reglas de la Ley del Antiguo Testamento. No solo eso, también obedecían otras reglas que las personas religiosas habían inventado. Los fariseos hablaban tanto sobre obedecer reglas que se olvidaban de pensar en Dios. Parecía que creían que las reglas eran más importantes que Dios. Aunque seguir las reglas de Dios es importante, ellos olvidaban que las personas eran más importantes que las reglas. No les gustaba nadie que no obedeciera las reglas exactamente como ellos.
Jesús conoció a un fariseo llamado Simón, quien lo invitó a su casa a comer. Cuando Jesús llegó a la casa de Simón, Simón no le dio un beso de saludo. Tampoco le ofreció agua para lavar Sus pies. No le dio aceite perfumado para ponerse en la cabeza. Aun así, Jesús se recostó sobre el cojín para comer. Otros invitados muy importantes también estaban en la casa de Simón.
Alguien más entró a la casa de Simón. Pero Simón no la había invitado. La persona que entró no era alguien que obedeciera las reglas como Simón. Era una mujer que había hecho muchas cosas malas. Todos sabían que era una mujer pecadora. ¿Por qué crees que estaba allí?
La mujer pecadora no fue a ver a Simón. Sabía que Simón no la ayudaría. Ella estaba arrepentida de las cosas malas que había hecho y sabía que Jesús podía perdonarla de sus pecados.
Mientras todos comían, la mujer se acercó y se arrodilló en el suelo detrás de Jesús. Se sentía tan arrepentida de sus pecados que comenzó a llorar. Cuando vio que los pies de Jesús no habían sido lavados, usó sus lágrimas para lavarlos. No tenía una toalla, así que usó su cabello largo para secar los pies de Jesús. Luego tomó su frasco de perfume y lo derramó sobre los pies de Jesús.
¡Simón no podía creer lo que estaba viendo! Pensó para sí mismo: ‹‹ ¡Cómo se atreve esta mujer a entrar en mi casa! ¿Cómo puede Jesús permitir que lo toque, y mucho menos que lave Sus pies? ¿Acaso Jesús no sabe que hay reglas que seguir? Jesús no puede ser un verdadero maestro» Pero Simón no dijo ni una sola palabra en voz alta. Solo pensó estas cosas en su mente.
Jesús podía leer los pensamientos de Simón, así que decidió contarle una historia.
—Simón —dijo Jesús—, una vez dos hombres pidieron dinero prestado. Uno pidió prestados 500 denarios y el otro 50 denarios (el denario era un tipo de moneda). Después de un tiempo, el prestamista les dijo a los hombres que no tenían que devolverle el dinero. Se lo podían quedar. ¿Cuál de esos hombres crees que amaría más al prestamista?
Simón respondió:
—El hombre que debía más dinero sería el más feliz. Él amaría más al prestamista.
Jesús explicó que la mujer era como el hombre que debía 500 denarios. Ella había hecho muchas cosas malas, pero amaba mucho a Jesús porque Él la había perdonado.
Entonces Jesús le dijo a Simón:
—Simón, tú me invitaste a tu casa, pero no me diste un beso de saludo, ni lavaste mis pies, ni me ofreciste aceite para mi cabeza. Sin embargo, esta mujer ha besado mis pies, los ha lavado y ha derramado aceite sobre ellos.
Luego, Jesús se dirigió a la mujer y le dijo:
—Te perdono todos los pecados que has cometido. Ahora puedes ir en paz.
¿Qué crees que pasó después de eso?
Formas de contar la historia:
Esta historia se puede contar usando varios métodos. Siempre mantente fiel a los hechos encontrados en la Biblia, pero ayuda a los niños a conectar con su significado usando drama, ayudas visuales, inflexión de voz, participación grupal o emoción.
Cada maestra es única, así que solo usa las ilustraciones que mejor se relacionen con la forma en que TÚ cuentas la historia en ESTA lección. Demasiadas ilustraciones pueden ser confusas, así que elimina cualquier que abarque otras historias o detalles que no desees destacar en esta lección.
Más formas de contar la historia
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Preguntas de repaso y reflexión:
Las preguntas de repaso ayudan a los niños a recordar y conocer los hechos de una historia, mientras que las preguntas de reflexión les animan a internalizar su significado e implicaciones para sus vidas. Hacer al menos una de cada tipo de pregunta puede ayudar a fortalecer el desarrollo espiritual de un niño y ayudarle a conectarse con Dios.
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Repaso:
- ¿Cuál era el nombre del fariseo que invitó a Jesús a su casa a comer? (Simón)
- ¿Quién lavó los pies de Jesús en la casa de Simón el fariseo? (Una mujer pecadora)
- ¿Cómo lavó la mujer los pies de Jesús? (Los lavó con sus lágrimas y los secó con su cabello)
- ¿Por qué la mujer pecadora lavó los pies de Jesús? (Simón no los había lavado. También lo hizo como muestra de agradecimiento porque Jesús le perdonó sus pecados)
- ¿Por qué la mujer lavó los pies de Jesús con sus lágrimas y los ungió con perfume? (Para mostrarle que lo amaba y creía en Él)
- ¿Qué mostró la parábola de Jesús a Simón? (Que Dios quiere que lo amemos, no solo que hagamos lo correcto)
- ¿Qué le dijo Jesús a la mujer después de contar la parábola a Simón? (Que, por haber creído, fue salva de sus pecados y que se fuera en paz)
- ¿Qué aprendiste sobre Jesús en esta historia?
- ¿Qué aprendiste sobre Dios en esta historia?
Reflexión:
- ¿Qué crees que estaban comiendo Jesús y los otros invitados en la comida?
- ¿Qué pregunta tienes para Dios sobre esta historia?
- ¿Cómo crees que se sintió Jesús cuando Simón el fariseo no lo honró lavando sus pies?
- ¿Cómo crees que se sintió la mujer pecadora al lavar los pies de Jesús con sus lágrimas?
- ¿Cómo crees que se sintió Jesús cuando Simón pensó que Él no debería dejar que la mujer tocara sus pies?
- ¿Por qué crees que Jesús le contó una parábola a Simón?
- ¿Cómo crees que se sintió Simón cuando Jesús le dijo que la mujer había mostrado gran amor, pero él no?
- ¿Cómo crees que se sintió la mujer cuando Jesús le dijo que sus pecados habían sido perdonados y que se fuera en paz?
- ¿Hay algún pecado con el que estés luchando? (Sugerencia: tener un tiempo de oración)
- ¿Cómo puedes mostrarle a Jesús que lo amas?
Oración
Es importante guiar a los niños en el aprendizaje de cómo orar. A través de la oración, los niños pueden conectarse con Dios y aprender que Él los escucha y responde. Dios puede convertirse en un amigo de por vida que está con ellos en cada momento de sus vidas. Intenta utilizar una variedad de métodos de oración de vez en cuando, para que los niños aprendan a conectarse con Dios de diferentes maneras. Recuerda que puedes orar en cualquier momento durante tu lección. Se puede encontrar una variedad de métodos de oración aquí.
Sugerencias de canciones:
Actividades y manualidades:
Actividades:
- Ayuda a los niños a dibujar una cruz en una hoja de papel. Habla sobre lo que significa pecar. Anima suavemente a los niños a escribir sus pecados en la cruz. Asegúrate de hacerlo tú también para que los niños sepan que tú también necesitas perdón. Permite que los niños compartan si lo desean, pero no los obligues. Habla sobre cómo todos necesitamos el perdón y que Dios (y Jesús) pueden perdonarnos porque Jesús murió en la cruz. Esta actividad puede generar una buena conversación.
- Canta canciones del himnario de la iglesia sobre el perdón.
- Representa la historia. Puedes “poner la mesa” en el suelo y hacer que los niños se recuesten alrededor de ella sobre cojines. Un niño puede representar a Jesús, otro a Simón y alguien más a la mujer.
Manualidades:
- Mezcla perfume, especias o extracto de vainilla con pintura lavable (como pintura témpera). Esparce una capa delgada de pintura en las plantas de los pies de los niños y haz impresiones de sus huellas en papel.
- Vierte aceite en un pequeño recipiente para cada niño. Reúne algunas semillas o especias (como anís estrellado, cardamomo, ramas de canela, etc.) y deja que los niños elijan cuáles poner en su recipiente de aceite. También puedes pedirles que compartan un pecado con el que luchan y elegir una semilla o especia para representarlo antes de ponerlo en el aceite. Una vez que terminen, sella el recipiente con pegamento. Cuando los niños agiten el aceite en el recipiente, podrán ver las especias que eligieron y recordar que Dios los perdona, o simplemente recordar la historia de la mujer mostrando amor a Jesús y el perdón de Dios.













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